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ENFERMEDAD de CAFFEY-SILVERMAN o HIPEROSTOSIS CORTICAL
INFANTIL |
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AUTOR:
Guerrero-Fdez J. |
| Fecha
de publicación:
01/02/09 |
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Servicio de Endocrinología Pediátrica. Hospital
Infantil La Paz. Madrid. España. |
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La base de
este caso y, por ende su diagnóstico diferencial, se
encuentran en la descripción radiológica: "despegamiento
subperióstico con deformidad secundaria que afecta
predominantemente a tibia izquierda, además de tibia derecha y
ambos férmures. Resto de serie ósea rigurosamente normal".
Con este dato, cabe analizar las causas de despegamiento
subperióstico (tabla 1) que nos ha permitido llegar al
diagnostico probable de enfermedad de Caffey.
| Tabla 1.
Diagnóstico diferencial del despegamiento subperióstico |
| - Escorbuto
(hipovitaminosis C) |
| - Hipervitaminosis A |
| - Sífilis congénita |
| - Tuberculosis |
| - Traumatismos (niño
maltratado) |
| - Infusión de
protraglandinas E1 o E2 (Caffey-like) |
| - Osteomielitis |
| - Neoplasia ósea
(sarcoma de Ewing y metástasis de neuroblastoma) |
| - Enfermedades de
depósito (mucolipidosis tipo II, gangliosidosis tipo
I) |
| - Hiperfosfatemia |
| - Hipoparatiroidismo
crónico severo |
| - Enferemedad de
Caffey-Silverman o Hiperostosis cortical infantil |
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Analizando
pormenorizadamente las causas tenemos lo siguiente: el
raquitismo, motivo por el que se nos envió al paciente para
estudio, fue descartado analíticamente al encontrarnos con una
PTH, fosfatasa alcalina, vitamina D (calcidiol y calcitriol),
calcio y fósforo normales. De igual forma, excluimos los
diagnósticos de sífilis congénita (serologías negativas en
madre y paciente), TBC (Mantoux negativo), hiperfosfatemia e
hipoparatiroidismo severo (metabolismo P-Ca ya comentado). La
ingesta de suplementos vitamínicos a las dosis convencionales
y un analisis cuantitativo de vitaminas liposolubles
descartaron la hipervitaminosis A. El escorbuto fue excluido
por su rareza, la inexistencia de otras manifestaciones así
como por el hecho de acontecer más allá de los 9 meses de
edad. Tampoco se constató el antecedente de infusión de
prostaglandinas en el periodo neonatal. Los diagnósticos de
neoplasia ósea y osteomielitis no fueron contemplados debido a
la multifocalidad de la lesión. Por otra parte, la ausencia de
hematomas y callos de fractura hacían poco probables el
maltrato aunque esta posibilidad fue indudablemente
investigada. Y por último, aunque no se procedió a ningún
estudio, se descartó la posibilidad de enfermedad de depósito
ante la ausencia de lesiones a otros niveles así como por la
casi-resolución espontánea de las existentes.
El
razonamiento de exclusión descrito nos ha permitido llegar al
diagnóstico provisional de enfermedad de Caffey-Silverman,
también denominada Hiperostosis cortical infantil
(OMIM: 114000), entidad que fue inicialmente descrita por
Roske en 1930 y, posteriormente, bien caracterizada por Caffey
y Silverman en 1945.
Tiene una
baja prevalencia, probablemente debida a su infradiagnóstico.
No presenta predilección por sexos y puede afectar a cualquier
raza.
Suele
tratarse de formas esporádicas aunque no son infrecuentes las
formas familiares que en muchos casos siguen una herencia
autosómica dominante y algunas de las cuales han sido
relacionadas con mutaciones sobre la cadena alfa-1 del
colágeno tipo I (COL1A1, 17q21). Patogénicamente se teoriza un
fenómeno de hipoxia, necrosis local y reacción subperióstica
aunque los desencadenantes de esos cambios siguen siendo un
misterio.
Se trata de
una enfermedad autolimitada, casi exclusiva de lactantes, y
puede seguir un curso recidivante que finaliza antes de los 3
años de edad. El comienzo tiene un promedio de edad que se
sitúa entre el mes y los 2 meses de vida aunque se han
descrito casos neonatales e incluso intraútero, y otros más
tardíos aunque casi siempre antes de los 5-6 meses de edad.
Suele iniciarse de forma abrupta como una tumefacción dolorosa
del o los huesos afectos que se extiende a los tejidos
suprayacentes (puede haber eritema), acompañados de llanto,
irritabilidad, fiebre moderada o alta, rechazo del alimento
y/o cambio del caracter. La localización más habitual (75-80%)
es la mandíbula. Otras localizaciones son la diafisis de:
tibia y clavícula (40-50%), cúbito (30-35%), costillas, húmero
y fémur (30%), radio (20%), escápula (10%) y, rara vez (<5%)
cráneo, cara, iliacos, metacarpianos y metartarsianos. La
afectación de los miembros puede simular una pseudoparálisis.
Esta fase aguda tiene una duración de 1-2 semanas y le
sigue una fase subaguda asintomática de cambios
radiológicos (reacción suberióstica e hiperostosis con o sin
deformidades secundarias) que suelen persistir meses o años
hasta la resolución completa sin secuelas; también es posible
la recidiva a otros niveles (fase crónica) que rara vez
deja secuelas definitivas (deformidad, acortamiento, etc) y
finaliza antes de los 2-3 años de edad. Las poco habituales
formas oligosintomáticas o asintomáticas han sido descritas y
algunas relacionadas con un comienzo perinatal o las severas,
e incluso mortales, formas prenatales.
En la fase
aguda las alteraciones de laboratorio suelen ser inespecíficas
con elevación de los reactantes y la fosfatasa alcalina, asi
como leve leucocitosis. A veces se observa ligera anemia y
trombocitopenia. Los cambios radiográficos son
característicos: despegamiento subperióstico seguido de
engrosamiento de la cortical (hiperostosis); estos pueden
estar al comienzo o, más habitualmente, desarrollarse en las 3
primeras semanas.
El
diagnóstico se establece mediante la historia clínica y
los hallazgos radiográficos, si bien, las formas
oligosintomáticas, como nuestro caso, plantean un diagnóstico
diferencial más amplio (tabla 1). Entre tales entidades, el
antecedente de infusión de prostaglandinas para mantener un
ductus permeable representa el más importante por cuanto es el
que mejor remeda las lesiones típicas del Caffey
(Caffey-like). Clínicamente la osteomielitis constituye la
entidad más difícil de diferenciar en la fase aguda.
El
tratamiento es sintomático durante la fase aguda (analgésicos
y/o antiinflamatorios). En casos graves o muy recidivantes la
terapia corticoidea (prednisona o metilprednisolona) o el
empleo de fármacos antiprostraglandínicos como la indometacina
o el naproxeno podrían resultar beneficiosos, si bien, no
existen estudios a largo plazo que confirmen esta eficacia. No
obstante, ya se ha comentado que se trata de un cuadro
autolimitado de pronóstico excelente y que rara vez deja
secuelas.
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