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5. Diagnóstico y comentarios.

TORTICOLIS PAROXÍSTICO BENIGNO


AUTORES: Guerrero Vázquez, J. 
Fecha de publicación: 15/06/00
Hospital "Punta de Europa", Algeciras (Cádiz).

El Tortícolis paroxístico benigno (TPB) en una rara entidad descrita por primera vez en 1969 por SYNDER que la consideró una forma de laberintitis o de neuronitis vestibular. Clínicamente se caracteriza por episodios recurrentes en los que un lactante o un niño de corta edad presenta inclinación lateral de la cabeza acompañada, a menudo, por una ligera rotación del mentón hacia el lado opuesto (figura 1),. El sentido de esta orientación puede variar en los distintos episodios. El suceso suele establecerse por la mañana y el intento de reducción forzada de la anómala postura resulta, a veces, molesto para el paciente que pronto vuelve a inclinar la cabeza. La duración del episodio oscila entre pocos minutos y algunas semanas y su establecimiento no parece motivado por ningún acontecimiento traumático (movimiento brusco inusual, manejo poco cuidadoso del niño), ni su resolución, que siempre es espontánea, se ha relacionado con sensación de clic, crepitación o maniobra voluntaria o accidental.

El trastorno postural que define al síndrome puede ser, como en nuestros casos, manifestación única o, por el contrario, acompañarse de síntomas generales entre los que se incluyen palidez, irritabilidad, apatía, malestar, vómitos y, ocasionalmente, inestabilidad en la marcha, vértigo y migraña. El primer episodio suele tener lugar en las primeras semanas o meses de vida habiéndose descrito formas de presentación tan precoz como el 7º día. La recurrencia es la norma con cadencias variables, semanales, bi o trimestrales, y tendencia a irse espaciando con la edad hasta desaparecer en un plazo variable de que oscila entre pocos meses y un máximo de 5 años. La resolución suele ser completa y sin secuelas si bien se han descrito algunos casos con pérdidas auditivas, migraña o evolución hacia un cuadro de vértigo paroxístico benigno (VPB).

La etiología del síndrome no está bien definida pero es posible que se encuentran involucrados factores genéticos dada la presentación familiar que, ocasionalmente, se ha observado y la mayor incidencia en el sexo femenino. Para DUNN y SNYDER, el TPB reconocería como origen una disfunción vestibular periférica idéntica a la observada en el Vértigo paroxístico benigno con el que constituiría una misma entidad nosológica con diversa expresión clínica dependiendo de la edad. A esta misma conclusión llegan valoraciones mas recientes del proceso (MIRA et al) pero existen opiniones contrarias que dan mayor relieve a la posibilidad de una disfunción de las estructuras centrales, cerebelosas o vestibulares, o de las conexiones vestíbulo-cerebelosas. La eventual asociación de las crisis a síntomas migrañosos, la posible presentación de éstos en las intercrisis o la evolución de la enfermedad hacia una migraña clásica, constituyen, junto con la existencia ocasional de migraña en las madres de los pacientes, argumentos circunstanciales de una etiología migrañosa en cierto número de pacientes con TPB. Los resultados de los estudio realizados por MIRA y col, hacen considerar a los autores que el Vértigo paroxístico benigno, el "síndrome periódico (constituido por cinetosis, vómitos cíclicos y abdominalgias) y el TPB son trastornos que pueden ser considerados como "migraña-equivalentes") o "migraña-precursores". Tal posibilidad ha sido cuestionada y, en todo caso, la asociación de TPB a la migraña no es tan constante como para asignar a ésta teoría un papel etiológico de importancia. De lo expuesto parecen deducirse posibles diferencias etiológicas que explicaría la peculiaridades clínicas encontradas en un reducido número de casos.

Analizando las escasa series publicadas hasta la actualidad se llega a la conclusión de que el diagnóstico de TPB ha de basarse en criterios exclusivamente clínicos dada la normalidad de investigaciones tales como estudio radiográfico de cráneo y columna, neumo y electroencefalografía, angiografía y tomografía computarizada cerebral, etc., y los contradictorios resultados de otras tales como audiometría y test de función vestibular.

El escaso conocimiento que de este trastorno tiene aún el pediatra general, conduce tanto al retraso en el diagnóstico como a la practica de exploraciones innecesarias, costosas e incluso potencialmente peligrosas, que acrecientan la ansiedad de los familiares. Ciertamente en la primera crisis o cuando se trata de formas plurisintomáticas, se hace imprescindible el diagnóstico diferencial con entidades tales como tumores de la fosa posterior, epilepsia, luxación cervical recurrente, infecciones y tumores espinales, parálisis ocular y síndrome de Sandifer; pero lo recortado de los síntomas en la mayoría de los casos, la normalidad de las investigaciones mas convencionales (punción lumbar, fondo de ojo, radiografías de cráneo y cuello y electroencefalografía) y, sobre todo, lo benigno de la evolución con períodos intercríticos prácticamente normales, permiten descartar estas posibilidades sobre una base eminentemente clínica sin necesidad de recurrir a técnicas de investigación mas sofisticadas o invasivas. En Martín Jimenez, L. et al. Tortícolis. Casos PEDiátricos On-Line.Septiembre 2001. les presentamos otros diagnósticos diferenciales de la tortícolis.

En lo referente al tratamiento, no se conoce ninguno capaz de prevenir las crisis o de abortarlas, por lo que debe evitarse el uso de fármacos de los que pueden derivarse efectos indeseables o, en el mejor de los casos, siempre dudosos.

El trabajo Guerrero-Fernández, J.; Guiote Domínguez, MV. Tortícolis paroxístico benigno. Casos PEDiátricos On-Line. Nov 2000. constituye un resumen de todo lo expuesto sobre TPB.


BIBLIOGRAFIA

NOTA. El caso presentado es uno de los incluidos en la casuística del trabajo que, con el título de "Tortícolis paroxístico benigno infantil. A propósito de tres casos", publicamos en An Esp Pediatr 1988;29:149-52. A dicho trabajo remitimos al lector interesado en la bibliografía y tablas comparativas con otras series. Desde entonces el síndrome sigue siendo objeto de escasa atención y considerado raro. No debe serlo cuando nosotros hemos tenido la oportunidad de diagnosticar cinco casos más.

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Caso presentado por: Dr. J. Guerrero Vázquez. Hospital Punta de Europa. Algeciras (Cádiz).

 

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