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7.
Diagnóstico
y comentarios.
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DISPLASIA
TORACICA ASFIXIANTE
(Sd. de Jeune) |
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AUTORES: Guerrero-Fernández, J.*, Guiote Domínguez, MV**. |
| Fecha
de publicación: Dic
2000 |
| *Hospital infantil "La Paz", **Hospital
“Ramón y Cajal”. Madrid. |
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La displasia torácica asfixiante
(DTA) es una
enfermedad genética que se hereda con carácter autosómico recesivo,
considerándose ligada a un solo gen de acción pleiotrópica (1). Su
sinonimia es amplia aludiendo, unas veces, al autor que la describiera
por primera vez (enfermedad o síndrome de Jeune) y, otras, a las áreas
esqueléticas afectadas y el carácter de la alteración (distrofia
torácica infantil, distrofia o displasia tóraco-pélvica-falángica,
distrofia torácica). Aunque, consagrada por el uso, persista la
denominación de DTA, algunos autores prefieren la de Distrofia
tóraco-pélvica-falángica
propuesta por Langer (4) por cuanto elude al término de
asfixia, que no es consustancial con ésta patología, a la vez que
evita equívocos: no toda displasia ósea causante de asfixia es un síndrome
de Jeune (5, 6).
Se desconoce su patogenia considerándose que el
hecho primario es una alteración del sistema condrocitario presente
en el cartílago de crecimiento de todos los huesos del organismo
salvo los de osificación conjuntiva (7).
Se han descrito
hipertrofia e hiperplasia cartilaginosa con deficiente mineralización
endocondral y, microscópicamente, se han reconocido alteraciones
estructurales en otros órganos y sistemas (riñones, hígado, páncreas,
epidídimo, corazón, retina y pulmones) con diferente grado de
importancia clínica (1-5).
Clásicamente la enfermedad se caracteriza por un
estrechamiento de la caja torácica,
con el consiguiente compromiso de la función respiratoria,
asociado a una afectación condrodistrófica de la cadera y los
miembros, y todo ello en ausencia de afectación del macizo cráneofacial
y el raquis.
En
realidad, las manifestaciones clínicas dependen de la severidad del
cuadro describiéndose formas mayores,
frecuentemente letales, y menores
con variable expresividad: leves y/o latentes
(2) .
Desde
el punto de vista descriptivo destaca una gran variabilidad de signos
siempre dominados por la deformidad y constricción del torax. En las
formas típicas se detecta, ya al nacimiento, un retraso en el
crecimiento (no presente en nuestro caso) asociado a estrechez torácica
más o menos manifiesta, con costillas cortas y horizontalizadas y
rosario costal en sus extremos anteriores. La brevedad del torax puede
causar un síndrome de insuficiencia respiratoria que suele ser grave
cuando su perímetro es inferior a 28 cm (1). Paradójicamente, la
severidad de la patología pulmonar no siempre guarda relación con el grado de estrechez torácica ( 6, 8) ya que,
también, pueden intervenir trastornos estructurales del propio pulmón.
Otras veces el distrés solo se presenta relacionado con la alimentación
o la actividad física expresando hipoventilación, hipoxia o infección
respiratoria intercurrente.
Del
resto de las anomalías morfológicas apreciables por simple inspección,
destacan la polidactilia,
la hipoplasia ungueal (ninguna de las dos
presentes en nuestro caso) y las malformaciones dentarias. Se
han descrito otras malformaciones asociadas con la DTA tales como
hipoplasia ductular hepática, agenesia del cuerpo calloso y síndrome
de Dandy-Walker (9),
cardiopatías y retinopatía (10 ).
El
pronóstico es muy variable y difícil de establecer incluso ante
casos individuales, dado que, como anteriormente se ha indica, ni el
grado de estrechez torácica (salvo los casos más extremos causantes
de hipoplasia pulmonar) ni el desarrollo, o no, de insuficiencia renal
guardan una relación inequívoca con la severidad de la enfermedad.
Se han descrito casos en la adolescencia (5) e incluso diagnósticos
en la edad adulta (11).
Las
formas letales suelen relacionarse
con un fallo respiratorio asociado, o no, a patología infecciosa
broncopulmonar. Los niños más severamente afectados pueden no
superar el periodo neonatal (8, 12). En las formas moderadas y leves
las complicaciones respiratorias se atenúan, especialmente después
de los 2 años de edad en que disminuye el riesgo de complicaciones
infecciosas respiratorias (13
).
La segunda causa de muerte entre los pacientes con DTA es la
insuficiencia renal. Ésta deriva de patología diversa (nefropatía
tubulointersticial, poliquistosis, nefronoptisis asociada, o no, a
fibrosis hepática) y, aunque lo habitual es que se presente añadiéndose
al trastorno respiratorio, se ha descrito en ausencia del mismo (5,6,
14). Defectos en la
capacidad de concentración urinaria pueden apreciarse antes de los 2
años y medio (13). Por su parte, la participación hepática suele
consistir en una disfunción transitoria pero se considera posible el
desarrollo precoz de cirrosis lo cual
ensombrece el pronóstico de los supervivientes a las
anteriores patologías (15).
El
diagnóstico diferencial debe establecerse con todos los síndromes
que cursan con torax pequeño y costillas cortas y, especialmente, con
la Displasia condroectodérmica de Ellis- van Creveld (ver Tabla
1)
En
las formas letales en el periodo neonatal, también debe plantearse
con los síndromes de costilla corta y polidactilia tipos 1 y 2 (síndromes
de Saldino-Noonan y Majewski respectivamente) (16 ) pero la
supervivencia de nuestro caso y la ausencia, en él, de determinadas
manifestaciones óseas o viscerales, nos permitió excluir éstas y
otras posibilidades diagnósticas que habitualmente se incluyen en el
apartado de diagnóstico diferencial de la DTA (enanismo tanatóforo,
hipofosfatasia, síndrome
campomélico, acondroplasia, osteogénesis
imperfecta, etc.). (17,18).
El
tratamiento consiste en la aplicación de normal preventivas
(inmunizaciones reglamentarias, inmunoprofilaxis frente al virus
respiratorio sincitial, etc.), plastias quirúrgicas para reconstruir
la caja torácica (19), terapia frente a la insuficiencia renal si
procede y, en su caso, transplante renal. Especial mención merece el
consejo genético (herencia autosómica recesiva) y la investigación
intragestacional si existen antecedentes de casos familiares o se
produce un nuevo embarazo. Al respecto la ecografía prenatal es de
gran interés (20). Además de la estrechez torácica detectable con
éste método, se han descrito otros parámetros
de utilidad diagnóstica tales como el bajo cociente entre el
perímetro torácico y el perímetro abdominal, el edema de cuero
cabelludo y la piel y el
incremento de la translucencia nucal (21).
TABLA 1.
DIAGNÓSTICO
DIFERENCIAL ENTRE LA DISPLASIA TORÁCICA ASFIXIANTE y
LA DISPLASIA CONDROECTODÉRMICA DE ELLIS- VAN CREVELD
Este
artículo ha sido publicado en la revista PEDIATRIKA 2001;2
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Caso
presentado por:
Dr. J.
Guerrero-Fernández.
Hospital infantil La Paz. Madrid.
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